//Crece la lucha en Uruguay contra la instalación de una nueva pastera

Crece la lucha en Uruguay contra la instalación de una nueva pastera

En Gualeguaychú pierde fuerza

Varios movimientos uruguayos se manifestaron contra la instalación de la nueva pastera en Paso de los Toros. Sin embargo, del otro lado del río, en Gualeguaychú, la conciencia ecológica ya no es lo combativa que supo ser hace 20 años.

Cuando hace dos décadas se comenzó a tener conciencia de que a un río y una frontera de distancia se iba a instalar una papelera altamente contaminante, la comunidad de Gualeguaychú mostró un espíritu fervoroso y combativo que plantó en la comunidad una conciencia ecológica que en muchos, hasta ese momento, estaba ausente. La paradoja fue que en la otra orilla, en las tierras uruguayas donde la pastera iba a funcionar (y que desde hace varios años ya funciona), la sociedad optó por la indiferencia.

Pero en el presente, todo cambió de manera radical, tanto en un lado como en el otro: desde que el gobierno uruguayo aprobó la instalación de una segunda papelera, esta vez en la localidad de Paso de los Toros, y la construcción de un ferrocarril entre la planta y el puerto de Montevideo que atravesará poblados urbanos y afectará no sólo el medioambiente sino las economías regionales y la paz en cada comunidad, surgieron fuertes manifestaciones ciudadanas que buscan poner fin al proyecto.

Cualquier podría ver en esta actualidad y en esta nueva conciencia ecológica en el pueblo uruguayo un viento de cola favorable para la histórica lucha de Gualeguaychú, sin embargo en la ciudad actualmente prevalece un fuerte desinterés y un marcado desencanto por la causa, como si el «No a las papeleras» fuera un slogan vintage y demodé.

«A mí no me lo saca nadie de la cabeza: vamos a seguir insistiendo en esta lucha, pero es verdad que cada vez se hace más difícil», aventuró Martín Alazard, histórico integrante de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú y uno de los referentes en la lucha por la conservación del medioambiente.

Hay una realidad que es cierta: desde el primer «No a las papeleras» al día de hoy, han pasado muchas batallas, y lamentablemente los triunfos no fueron una constante: Botnia abrió, el corte de ruta en Arroyo Verde fue levantado luego de tres años y medio y el fallo de la Corte Penal Internacional de La Haya no trajo ningún resultado positivo. Toda causa tiene un desgaste lógico, pero la de la Asamblea tuvo muchos manotazos en contra.

«Permanentemente nos han intentado bajar los brazos. Se hace muy difícil, por ejemplo, cuando la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) dice que el que está contaminado es el río Gualeguaychú y no el Uruguay, o cuando dicen que Las Cañas está contaminada, pero por agroquímicos y que Botnia no tiene nada que ver. Todo esto lleva a que acá tengamos una soledad absoluta», reniega con un tono entre fastidiado y resignado Alazard. «Hace poco denunciamos la realidad de la planta de efluentes cloacales y que estamos tirando tres toneladas de pudrición al río, y a nadie le importó. Pasó totalmente desapercibido. Eso te da la pauta de la importancia que tienen hoy en día las cuestiones ambientales para esta sociedad», ejemplificó.

Un hecho paradigmático que también marca el desinterés por la lucha contra las paleras sucede se apreciará, pero por ausencia todos los sábados durante este verano: este año, a la Asamblea no se le permitió realizar la tradicional pasada por la pasarela del Corsódromo durante las noches de Carnaval. Esa caminara de los ambientalistas con sus pancartas, en la cual las tribunas cantaban «No a las papeleras» en apoyo a la lucha, es parte del pasado. Sólo les dejaron poner un gazebo al costado de la entrada, donde entregan folletos y el que quiere parar a escuchar lo hace.

«Cuando preguntamos por qué no podíamos salir en la pasarela como todos los años, la productora dijo que es por decisión de la Comisión del Carnaval, y la Comisión dice que es por decisión de la productora. Se tiran la pelota entre sí y nos quedamos sin salir. Cortaron el ejemplo de la lucha de Gualeguaychú», recalcó Alazard.

Lejos quedaron las asambleas y marchas con miles de ciudadanos. En el presente, son 50 ambientalistas que contra viento y marea se mantienen estoicos con las banderas en alto. Muchos se acercan de manera esporádica, con una actitud pasiva, como descansando en el esfuerzo de ese medio centenar inconmensurable.

Sin embargo, afirman que el derrotero de la actualidad no los vencerá, como tampoco los derrotó que comenzara a salir humo de las chimeneas de Botnia. No sólo mantienen firme la lucha por el medioambiente en todas sus variables, sino también la esperanza de que algún día la causa vuelva a ser colectiva y masiva. «Desde el punto de vista ambiental, hay muchas cosas pendientes. Nos venden farolitos de colores y estamos muy lejos de conocer la realidad y por lo tanto de hacer que las personas sean conscientes sobre lo que nos pasa y cómo nos afecta. Pero nada ni nadie hará que bajemos los brazos, porque nosotros vamos a seguir luchando», subrayó Alazard, recuperando nuevamente el optimismo. (El Día)