//Cumplió 119 años la entrerriana más longeva del mundo

Cumplió 119 años la entrerriana más longeva del mundo

Gualeguaychú

Natalia Reynoso, «La Domadora», la entrerriana más longeva del mundo, este sábado festejó sus 119 años en Gualeguaychú, rodeada de su hijo, nietos, bisnietos y tataranietos. Conocé su historia.

Natalia Reynoso, «La Domadora», nació en la localidad rural de Médanos, Departamento Islas del Ibicuy, el 27 de julio de 1900. Vivió la mayor parte de su vida en el campo. Trabajó en estancias y fue una de las pocas mujeres que se dedicó a domar caballos. Tuvo 9 hijos, de los cuales le sobrevive uno. 

La entrerriana más longeva del mundo, este sábado festejó sus 119 años en Gualeguaychú, rodeada de su hijo, nietos, bisnietos y tataranietos. 
Desde hace un tiempo reside en Gualeguaychú. Primero en el Barrio Munilla, donde un incendio la dejó sin vivienda. Estuvo un tiempo en Buenos Aires para finalmente radicarse junto a su hijo en el barrio del Hipódromo. Cuidada, desde el año 2000, por Graciela transcurre sus días acompañada de sus seres queridos.

Ayer, en su casa, nietas, bisnietas y tataranietas ultimaban detalles para el gran festejo. En el momento de la breve charla con la centenaria abuela, se encontraban Mirta (58) nieta, Mariana (28) bisnieta y las tataranietas Milagros (15), Micaela (8) y Morena (6).

A Natalia Pantaleona Reynoso de Morales «le gusta mucho comer carne». De hecho, ese fue su pedido para celebrar su cumpleaños.

«Es uno de los platos preferidos de la abuela que come sola y antes de hacerlo mira el plato para saber si tiene un poco de carne», contó su nieta Mirta a El Día.

La tatarabuela nació a la vera del tren en lo que hoy es la localidad de Médanos, poblado que se encuentra en el departamento Islas del Ibicuy, aunque en aquellos lejanos años, la entonces Estación y buena parte del sur del delta entrerriano pertenecía al departamento Gualeguaychú.

«La Domadora»

«La Domadora» trabajó siempre en el campo, donde tuvo a nueve hijos, de los cuales solo vive Mario con quien transcurre sus días en el barrio hipódromo. Enterró a 8 de sus hijos y a su esposo. Hoy su descendencia se prolonga a nietos, bisnietos y tataranietos.

En el campo le gustaba andar a caballo y era una de las encargadas de domarlos, en una tarea en la que fue innovadora, dado que era un trabajo que hacían los hombres, por lo rudo del mismo. También se desempeñó como puestera en una estancia. No concurrió a la escuela y muy pocas veces al médico.

Los padres, Paula Gutiérrez y Pedro Reynoso, pasaron la barrera de los 100 años, lo que de alguna manera, explica «la longevidad de la tatarabuela». (ElDía)