“Vi al guerrero”

“Siempre fui muy sana, así que no podía creerlo. Y cuando veía que empeoraba me quería morir. Bah, vivir. Gracias a Dios pude zafar, pero la verdad es que muchos pensaron que no iba a salvarme”, dijo la diva.

Susana Giménez confirmó que estará presente en la fiesta del 15 de mayo cuando se entreguen las codiciadas estatuillas del Martín Fierro que otorga APTRA.

«Qué suerte que se acabó esa pesadilla de querer buscarme sucesora. No había, ¿vieron? No hay sucesoras, no existen», dijo al ser consultada al respecto. Y luego añadió: «Todos somos seres distintos. Están buscándole sucesora a Marilyn Monroe hace 50 años y jamás la van a encontrar. Como tampoco habrá Mirthas ni Chinas. Por más que Juanita lo haga muy bien, creo que la gente de la Chiqui quiere a la Chiqui. Es increíble, pero ella quiere volver a la tele. No sé si será semanal o mensual, pero está decidida», remató.

Con respecto a su mes en terapia intensiva en un nosocomio uruguayo, contó que no tenía teléfono pero que, sin embargo, de alguna forma sentía el amor y sabía de la catarata de cariño que abundaba en las redes. «No veía nada, pero después me lo contaron -precisó-. Yo siempre fui muy sana, así que no podía creerlo. Y cuando veía que empeoraba me quería morir. Bah, vivir. Gracias a Dios pude zafar, pero la verdad es que muchos pensaron que no iba a salvarme».

Continuó relatando: «Terminé haciéndoles caso a los médicos, que me decían que tenía que tomar agua, agua y más agua. Yo detesto el agua. No me da ganas de tomarla. Pero un día entró un doctor vestido de astronauta, con esas cosas que se ponían, y me dijo: ‘Si usted no empieza a tomar agua, yo no puedo hacer nada más’. El susto que me pegué. Y empecé a tomar agua como loca. Le recé a mi protector, San Miguel Arcángel. A él le pedía todo el tiempo. Y no sé qué me ponían en el suero, pero algo sucedía en esa habitación. Un día tuve alucinaciones, supongo, pero lo vi clarísimo al guerrero. Me estaba mirando. Siento que él me salvó. Yo tenía una estampa en la mesa de luz, pero ahora compré un cuadrito divino. San Miguel es el jefe de los ejércitos de Dios. Para los cristianos es el protector de la Iglesia».

Con respecto a las pérdidas afectivas, la diva señaló: «El tiempo hace que todo sane, o algo parecido. No me da miedo pensar en la muerte, pero cuando estaba en el sanatorio me daba terror morirme. Después me acostumbré a pensarla. Para algo nacemos. Y la realidad es que comenzamos a envejecer desde el día que nos sacan de la nursery». Y agregó: «Nadie nos habla de eso cuando estamos en la flor de la edad. Hay que asumir que la muerte es irrevocable. Sucede que somos bien tanos en estos asuntos, y absolutamente dramáticos», reflexionó en una extensa nota con La Nación.

Trabajo
Su postura con respecto al trabajo es contundente: «La verdad es que si no hago nada me aburro. Todos me preguntan: ‘¿para qué?’ Y les digo que no es necesidad, sino vocación. Creo en el poder del deseo. Y, la verdad, siempre hice todo lo que tuve ganas. He visualizado cosas que se cumplieron. Muchas veces digo no porque no tengo ganas de aceptar ciertas cosas. Eso es diferente. Pero seguir trabajando, sí, inclusive ahora me ofrecen más cosas que antes, lo juro».

Acerca del vínculo con el público, admite: «Sé que a la gente le encanta ver cómo vivo con mis perros, el entorno, lo que me pongo para andar por ahí. No hay misterios y cuando puedo lo muestro. Siempre en versión casera, porque lo que valora la gente es mi espontaneidad. Soy muy feliz ahí. Voy al muelle, les doy de comer a los animales, corro con los perros, les grito, hablo con ellos. Me transformé. Para mí no hay nada mejor que los animales». Fuente: Diario Show