Cómo afecta en la escuela

Este dato surgió de un trabajo de investigación sobre clima escolar, realizado por un especialista argentino. Dos expertos analizan cómo abordar los casos de bullying en las escuelas y poder superarlos.

Aunque se ponga énfasis en los contenidos, si un chico sufre bullying en la escuela tiene 40% menos posibilidades de aprender, según un estudio realizado por el licenciado en psicopedagogía y experto en clima escolar mendocino, Alejandro Castro Santander.

En los últimos tiempos, las escuelas están abocadas a mejorar algunos aspectos en los que vienen teniendo serios problemas, como lo es la fluidez lectora, por ejemplo. Sin embargo, un caso de acoso escolar o bullying que se viralizó a través de un video casero, en el que una niña de cinco años, que asiste a una escuela en Tupungato (Mendoza), lloraba porque los compañeritos la hostigaban ‘por ser gorda’, encendió las alarmas. ¿Hay tiempo y espacio para trabajar habilidades sociales en la escuela, con treinta niños y niñas en un aula? ¿Se pueden desarrollar valores como el respeto y la empatía?

Dos especialistas en el tema, la licenciada en Psicología Nancy Caballero y el psicopedagogo y experto en clima escolar, Alejandro Castro Santander, explicaron qué se debe tener en cuenta y cómo abordar estas situaciones.

La importancia del clima escolar

Castro Santander es un estudioso del tema clima escolar, tiene varios libros escritos al respecto y ha trabajado sobre la violencia en las aulas en reiterados congresos y exposiciones internacionales. Según una de sus investigaciones, un alumno que la pasa mal en la escuela, tiene 41% menos posibilidades de aprender que uno que se desarrolla en un clima escolar armonioso.

Para esto, la escuela debe estar abierta a aceptar que el clima escolar no es bueno, y que los casos de bullying existen y no mirar hacia otro lado: que hay alguien que victimiza y un niño que no puede superar la situación de temor, y de rechazo a la escuela. «El problema» -dice Castro Santander- es que la reacción frente al bullying es tardía, como la escuela está enfocada en atender otras carencias, como que el chico pasa de grado sin saber leer, por ejemplo, no hay espacio para trabajar las habilidades sociales, y está comprobado que si el clima escolar es malo, el chico no aprende de la misma manera que si no lo es».

«Estamos acostumbrados a llevar estas situaciones adelante sin darles importancia y cualquier cosa hacemos funcionar el protocolo. Pero la escuela debe llegar antes estos casos», sostuvo Castro Santander.

El bullying en los más chiquitos

«El bullying en los más chiquitos no existe, porque no existe una intención real de dañar al otro», esta es una de las consignas con las que se trabajan las situaciones de acoso en las escuelas de la provincia. Sin embargo, un especialista en la materia, el psicopedagogo Alejandro Castro Santander, manifestó que sí aparecen situaciones de hostigamiento en el preescolar y en los primeros grados, que se deben tener en cuenta.

Formas de trabajarlo, sobran. Se puede hacer a través de actividades artísticas, de proyectos especiales, de cuentos, lo que es indispensable es que la escuela deje de «hacerse la distraída» y que la comunidad (padres, madres, hermanos, gente cercana a los chicos) participe de estas y no esperar a que el niño o niña hostigada llegue a un punto en el que no quiere asistir a la escuela.

Qué hay que tener en cuenta

La licenciada Caballero explica que el bullying no es siempre fácil de detectar, porque en general las situaciones de acoso persistente se dan en lo que se llama «espacios ciegos», en los baños, en los sectores del patio más alejados, o el algún lugar del aula que no está completamente visible para el adulto.

Por esto, los docentes deben estar atentos a cambios más estructurales de conducta en los niños: el que era participativo, ya no participa más, o lo hace cada vez menos, está más propenso a cambios de humor, a reaccionar en forma desmedida -más violento, irritable o incluso triste- y otra característica que puede estar indicando que pasa algo grave en el aula es cuando el chico se aísla y no se integra de ninguna forma.

Esta forma de acoso escolar se da en círculos concéntricos: en el medio, está la víctima y el victimario, pero al rededor se van formando una especie de «anillos» de complicidad: desde los que se divierten con el acoso al más débil, hasta los que no se meten.

Sin embargo, muchas veces esos «pactos de silencio» pueden romperse. Tanto en la escuela como en la casa. Esto significa que a alguno de los que no participan directamente en el hostigamiento, se les «escapa» lo que está sucediendo. Este es el momento en el que el docente, directivo, padre, madre o adulto responsable tiene la oportunidad de intervenir para romper esos círculos.

El «antibiótico» del bullying

Las dos herramientas más importantes no solo para detectar, sino para «desarmar» una situación de bullying, que sostenida en el tiempo lastima no solo al niño que lo recibe, sino que comienza a transformar al grupo en sí mismo, son la comunicación y la empatía.

La comunicación, porque si la víctima no se anima a contar lo que está pasando lo va a hacer otro de sus compañeros o compañeras, y la empatía, porque es casi el «antibiótico» del bullying. El «cómo te sentirías vos si te hicieran lo mismo». En este último caso, la especialista manifestó que se trata de un valor y como tal, no se predica, se vive. Si en la casa el niño o niña absorbe conductas de su familia como lo es reírse de cuerpos que no responden a los parámetros sociales hegemónicos -en la casa les parece divertido burlarse de una persona gorda, o de alguien con un color de piel diferente al de ellos, o de una nacionalidad distinta- entonces, eso es muy difícil de desarticular en la escuela.

La psicóloga describió que muchas veces en las escuelas, las maestras le plantean que no hay espacio, tiempo, o no es fácil trabajar sobre estas cuestiones con los niños. No solo por todo lo dicho anteriormente, sino porque en los casos de bullying se establecen ciertas relaciones de poder, donde el que victimiza es celebrado. Pero sí se puede, según manifestó, hacer un trabajo con los alumnos: enseñarles a pasar todas sus acciones por un doble filtro, que es el del respeto y la solidaridad. «Si lo que yo hago pasa por estas dos pruebas, por decirlo de alguna manera, todo lo demás está bien, porque no tenemos que ser amigos de los 30 niños que van conmigo al mismo grado, pero sí tenemos que respetarlos por el simple hecho de ser personas distintas a mí, aunque hablen raro, me parezca que no tienen el cuerpo que es aceptable para mí, sean de otra nacionalidad, y todo lo demás. Si pasan esos dos filtros, las situaciones se compensan».

El caso que disparó preocupación

A mitad de esta semana se conoció el caso cuando una niña del paraje La Arboleda, en Tupungato contó en un video que se hizo viral que sus compañeros de escuela le hacen bullying permanentemente. El papá denunció que esta situación la sufre desde el jardín de infantes. Fuente: El Once