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Raya gigante recorrió 170 kilómetros por el río Paraná: el viaje más largo jamás registrado para la especie

Un descubrimiento que cambia lo que se sabía sobre la especie

Una investigación del INALI, el CONICET y la UNL reveló que una raya gigante de agua dulce recorrió 170 kilómetros en el río Paraná, un comportamiento que contradice décadas de estudios científicos y genera nuevas alertas sobre la conservación de la especie.
El río Paraná volvió a sorprender a la comunidad científica con un hallazgo sin precedentes. Investigadores del Instituto Nacional de Limnología (INALI), dependiente del CONICET y la Universidad Nacional del Litoral (UNL), documentaron el desplazamiento más extenso jamás registrado para una raya gigante de agua dulce (Potamotrygon brachyura), una de las especies más emblemáticas y amenazadas de los ecosistemas fluviales sudamericanos.

 

El descubrimiento fue publicado recientemente en la revista científica Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems y representa un cambio profundo en el conocimiento que existía sobre estos animales. Hasta ahora, los especialistas consideraban que las rayas gigantes de agua dulce tenían hábitos marcadamente sedentarios y que sus movimientos anuales rara vez superaban los ocho kilómetros.

Sin embargo, una hembra juvenil cambió por completo ese paradigma. El ejemplar fue marcado por investigadores con la colaboración de pescadores recreativos en el bajo Paraná y, casi diez meses después, volvió a ser capturado a 170 kilómetros de distancia río arriba, estableciendo un récord para la especie.

Un comportamiento que rompe todas las teorías

 

La travesía fue reconstruida gracias a un programa de monitoreo que involucra activamente a pescadores deportivos de la región. La raya fue capturada, identificada y liberada, para luego ser recapturada 292 días después en una ubicación completamente diferente.

El hallazgo sorprendió incluso a los propios investigadores. El biólogo Diego Martín Vazquez, autor principal del estudio, explicó que los resultados muestran que las especies de gran tamaño requieren extensas áreas de hábitat para completar sus ciclos de vida, un patrón que hasta ahora se asociaba principalmente con grandes peces migratorios y tiburones oceánicos.

 

La investigación demuestra que la movilidad de estas rayas es mucho mayor de lo que se creía, lo que obliga a replantear estrategias de conservación para proteger adecuadamente a la especie y los ambientes que necesita para sobrevivir.

 

Una especie vulnerable que necesita protección

 

La importancia del descubrimiento trasciende el ámbito académico. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica a la raya gigante de agua dulce como una especie “Vulnerable”, una categoría que advierte sobre un elevado riesgo de disminución poblacional si continúan las amenazas sobre sus hábitats.

 

En este contexto, el investigador Luis Lucifora advirtió en AIRE que las medidas de protección aisladas podrían resultar insuficientes. Debido a que estos animales recorren grandes extensiones del sistema fluvial, resulta fundamental coordinar políticas de conservación entre las distintas provincias que comparten la cuenca del Paraná.

 

Los especialistas sostienen que la conectividad del río es un factor determinante para la supervivencia de la especie. El bajo Paraná constituye uno de los pocos grandes sistemas fluviales de Sudamérica que aún conserva largos tramos libres de represas, permitiendo desplazamientos naturales de gran magnitud.

 

Gigantes del Paraná bajo amenaza

 

La raya gigante de agua dulce puede alcanzar hasta 1,8 metros de ancho y superar los 200 kilogramos de peso durante su etapa adulta, convirtiéndose en uno de los peces de agua dulce más grandes del continente.

A pesar de su impresionante tamaño, enfrenta múltiples amenazas vinculadas a la alteración de los cursos de agua, la contaminación, la pérdida de hábitats y la presión humana sobre los ecosistemas acuáticos.

El histórico recorrido registrado en el Paraná no solo revela una faceta desconocida de esta especie, sino que también refuerza la necesidad de proteger uno de los corredores biológicos más importantes de Argentina. Para los científicos, comprender cómo se desplazan estos gigantes del agua dulce será clave para garantizar su conservación y la de toda la biodiversidad asociada al gran río. Fuente: El Once