Ali Khamenei asumió la jefatura suprema tras la muerte del ayatolá Ruhollah Khomeini. Antes, había sido presidente de Irán entre 1981 y 1989 y ocupó cargos clave en el nuevo régimen, incluida la comandancia de la Guardia Revolucionaria. Su mandato se caracterizó por la represión interna, una política exterior antinorteamericana y antiisraelí, y la consolidación del “Eje de la Resistencia”, apoyando grupos como Hezbollah, Hamas y los hutíes de Yemen.

Legado y tensiones internas
Durante su liderazgo, Khamenei enfrentó desafíos internos y presidencias reformistas que cuestionaron su autoridad. La represión aumentó tras episodios como la muerte de Mahsa Amini en 2022, que desató protestas masivas contra el régimen. Su control sobre el Gobierno, Parlamento y Guardia Revolucionaria garantizó estabilidad, pero la sucesión ahora se vuelve incierta, señaló Infobae.
El fallecimiento de Khamenei genera preguntas sobre quién liderará Irán, con el nombre de su hijo Mojtaba Khamenei emergiendo como posible sucesor, aunque las divisiones internas podrían provocar un cisma en la cúpula del poder. La incertidumbre política coincide con un contexto de alta tensión regional y global.
Repercusiones internacionales
La muerte del ayatolá coloca a Irán en un momento crítico, con potenciales repercusiones en Medio Oriente y en la política internacional. La atención mundial permanece centrada en la región, mientras la comunidad internacional espera pronunciamientos oficiales y monitorea cómo la sucesión y la estabilidad del régimen podrían afectar la seguridad y la geopolítica regional. Fuente: El Once







